Los efectos de las políticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico

Dr. Víctor M. Castrillón y Luna

Lugar de procedencia: México

 

Licenciatura, especialidad y Doctorado en Derecho por la Universidad Nacional autónoma de México. Actualmente, Profesor-investigador de tiempo completo- Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Autónoma del Estado de Morelos

 

 

 

La globalización en su génesis y desarrollo se presenta como una constelación de fenómenos y procesos, de conceptos y usos que ha emergido a partir de 1980 y cuyos principales  factores, aspectos y polos se manifiestan en la conjunción y entrelazamiento de un nuevo orden internacional de alta concentración de poder a escala mundial como son; la tercera revolución industrial y científica tecnológica, la transnacionalización de las empresas, una nueva división del trabajo y proyecto político de globalización que corresponde a un nuevo modelo de crecimiento neocapitalista.

 

 Todos esos procesos que se manifiestan en la mayor parte del plantea multiplican los nexos e interacciones entre Estados y sociedades con consecuencias significativas a escala diversa.

 

 En ese tenor dice Carlos Abreu (2006) que la globalización refiere el proceso en el que las diversas nacionaes del mundo se incorporan a una sociedad mundial única, en el que los referentes locales y globales son tan distantes como próximos y en tal sentido, la globalización es un proceso que conduce a los distintos países a indisolubles vínculos de interdependencia.

 

 Por ende, es comprensible que los países unan esfuerzos para vencer los desafíos colectivos que el proceso de globalización impone; precisando las estrategias y tomas de decisiones que conllevan el triunfo o el fracaso del que sin duda depende el futuro de la humanidad; ya no interesa particularizarnos como indivudos pertenecientes a un país determinado, pues ahora ostentamos la calidad de ciudadanos globales que se enfrentan a retos comunes.

 

 En esa realidad encontramos lo que se ha denominado como cooperación internacional que busca precisamente estrechar aún más los lazos de interdepedencia e integración; toda una diversidad de relaciones demandadas por la urgente necesidad de alcanzar un desarrollo que lleve implícito el derecho a una mejor calidad de vida de todos los ciudadanos globales.

 

Se sostiene que el surgimiento de la cooperación internacional para el desarrollo en la arena de las relaciones internacionales, fue producto directo de ciertas circunstancias coyunturales relacionadas con el mundo bipolar establecido luego de acabada la Segunda Guerra Mundial y como consecuencia directa de la Guerra Fría entre los dos polos opuestos de desarrollo para mantener cierto equilibrio de sus economías para no ceder en sus posicionamientos políticos (Rojas).

 

Por lo tanto, es claro que la cooperación internacional para promover el desarrollo sea un pilar que sustenta el actual sistema económico mundial, sobre todo representando una oportunidad para países en vías de desarrollo en esta globalización que se ha gestionado de forma injusta; asimismo los objetivos que marcan la meta para materializar ese contexto de progreso son impulsados por los nuevos sujetos del Derecho Internacional: los organismos internacionales, que son creados en aras de atender las distintos aspectos que confluyen para alcanzar el tan anhelado desarrollo sostenible.

 

Es ahí donde emerge esta Organización para la cooperación y desarrollo económico (OCDE), como sucesora de la OECE (Organización Europea para la Cooperación Económica), que resultó del Plan Marshall y de la Conferencia de los Dieciséis (Conferencia de Cooperación Económica Europea), con su sede central en el Château de la Muette, en París,  Francia; como su mismo nombre lo indica se trata de una organización creada para la cooperación y el desarrollo económico y constituye un foro de consulta a la vez que de coordinación entre los gobiernos, que agrupa a los países más industrializados, y es una organización de cooperación internacional.

 

 Su finalidad es la de expandir la economía y el empleo, así como la de promover el bienestar económico y social por medios de la coordinación de las políticas de sus estados miembros, además de estimular y armonizar sus esfuerzos en provecho de los países en desarrollo.

 

 Witker (2011) afirma que más que un foro de negociación se trata de un foro de consulta intergubernamental en el cual se intercambian ideas y experiencias relacionadas con las políticas que implementan los países miembros en relación con las siguientes áreas: tecnología, protección al ambiente, aspectos económicos y financieros, agricultura, educación, y transporte, entre otras.

 

 Sus 34 miembros concentran las dos terceras partes de la producción de bienes y servicios en el mundo – los cuales proporcionan al planeta el 70% del mercado mundial  y representan el 80% del PNB mundial –  y establece como única condición de ingreso de un país el contar con una economía de mercado y una democracia plural, pero el principal requisito para ser país miembro de la OCDE es liberalizar progresivamente los movimientos de capitales y de servicios.

 

 En cuanto a su objetivo cabe complementar que se trata de una organización que facilita a los gobiernos un foro para la discusión en temas como el desarrollo y el perfeccionamiento de las políticas sociales y económicas así como para el intercambio de experiencias, además de coordinar las políticas domésticas e internacionales para el incremento de la globalización.

 

 No obstante, al igual que muchas de las organizaciones de esta índole el estigma de ser un simple “club de ricos” pesa sobre esta, pues si bien sus políticas están principalmente dirigidas a las realidades de sus países miembros, igualmente ostentan como estandarte el apoyo a países mucho menos adelantados que difícilmente revestirían la categoría de miembros de OCDE, ello con el objeto de alcanzar una verdadera alianza mundial para el desarrollo cobijada por la irreversible globalización, cuyo rumbo hoy es marcado por los conocidos Objetivos de Desarrollo Del Milenio (ODM), los cuales pretenden la realización de las más transcendentales necesidades en el mundo. Incluso, el octavo objetivo que no se halla sujeto a plazo consiste en fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

 Asimismo, se ha difundido la posibilidad de incorporación de nuevos miembros a esta organización; candidatos que impactan a la realidad latinoamericana, pues se encuentra en discusión la adhesión de Costa Rica y Colombia mediante la implementación del plan de acción que demanda el mismo organismo, con la aspiración de estos países por impulsar el desarrollo económico y mejorar la calidad de la gestión pública; y es que estos últimos son parte de las motivaciones por las cuales muchos países luchan para ingresar al denominado “club de los ricos”; sin embargo, el acceso a este organismo no determina de manera inmediata, cual fórmula mágica, un desarrollo efectivo; de hecho, los países que siguen ostentando la calidad de subdesarrollados y que logran ingresar al estar por encima de otros mucho más desfavorecidos; terminando acogiendo e implementando las políticas de los miembros más industrializados; políticas que no siempre se traducen en un progreso y bonanza económica, bastaría con mencionar el caso mexicano.

 

 Y es que por más que se alude a una alianza mundial para el desarrollo, las relaciones internacionales no dejan de contemplarse como plutocráticas, es decir, el poder lo ejercen aquellos países que detentan la riqueza, y es así a lo interno de los mismos organismos internacionales.

 

 No obstante lo anterior, no debemos demeritar la labor de análisis que hace este tipo de organizaciones como la OCDE, pues de dichos estudios se desprenden una serie de recomendaciones que no dejan de ser útiles para países no miembros como el caso nicaragüense.  En consecuencia, del contenido de los informes rendidos por esta organización se deriva la oportunidad para aplicar observaciones en pro de mejorar el desarrollo de este país, atendiendo a la realidad que acontece en Centroamérica a fin de que no se convierta en una oportunidad perdida.

 

 En ese sentido, como se ha comentado anteriormente, la forma en la que la OCDE participa hacia países no miembros es a través de la cooperación mediante porcentajes del PNB de sus miembros (ello destina por supuesto a los países más pobres bajo la categoría de “ayudas”) o colaboración con los gobiernos mediante políticas que permitan a las personas vivir mejor, por medio del impulso del crecimiento económico, la productividad del ser humano, la innovación y aumento del bienestar  humano. Por lo tanto, pueden desprenderse modalidades en materia de política económica, anticorrupción, derecho y política de la competencia, inversión, gobierno corporativo, entre otras (OCDE, 2013).

 

 En el caso específico de Nicaragua, se ha recibido una serie de  recomendaciones en materia de diseño y ejecución de políticas económicas, mismas que para efecto de este estudio consideramos conveniente citar:

 

1. La baja productividad

2. El déficit comercial externo

3. La desigualdad

4. La informalidad del empleo

5. La mínima recaudación fiscal

6. Y la falta de inversión en infraestructura

 

 Cada una de ellas, son de tal importancia que tales reformas se les consideran estructurales. Así la primera de ellas, obedece a diversidad de factores, como es la escasa escolaridad y la mínima transferencia de tecnología a la pequeña empresa y microempresa, sin embargo, ello por supuesto puede generar la sobrevaluación del córdoba que permite el abaratamiento de productos de importación afectando así el mercado interno, el cual suele ser descuidado cuando se pretende una abrupta entrada al libre comercio.

 

 Como es natural, el ambiente donde no existe equidad horizontal y vertical hace difícil el desarrollo humano, por falta de una correcta distribución de ingresos y una inequidad de género, obteniendo la puntuación más baja Nicaragua en el 2012 respecto de lo anterior (OCDE, 2013). En este escenario, resulta de vital importancia el alcance de la informalidad de quienes integran el mercado laboral, pues si este no está regularizado, afecta en cuanto al monto de recursos que se tienen proyectados recaudar a través de contribuciones. Aunado a ello, no sólo importa lo que se produce o cuanta riqueza se genera, pues tan importante es identificar el cómo recaudar más como también es eficientar el gasto público.

 

 En Latinoamérica, compartimos no sólo el idioma, sino cuestiones culturales que generan grandes vínculos entre países y pueden hacer posible la suma de esfuerzos para atender problemas institucionales y de mercados. Es en este perfeccionamiento de los mercados donde la política y la legislación de competencia toman especial relevancia, no sólo para reducir la pobreza, sino para promover la competitividad y el desarrollo humano donde cabe por supuesto el crecimiento económico.

 

 En este mundo globalizado, es indispensable la cooperación internacional; a través del compromiso común, al permitir acortarse las actividades económicas internacionales en las limitadas jurisdicciones nacionales, reducir inconsistencias y evitar la duplicación de esfuerzos entre gobiernos.

 

 Es necesaria la participación ciudadana, en el diseño de políticas públicas que permitan superar los problemas que enfrenta Nicaragua; en última instancia esto forma parte de la democracia. Ello es así, pues no solo tales recomendaciones deben venir de afuera hacia dentro, sino de abajo hacia arriba, es decir, de la sociedad civil hacia el gobierno; pues finalmente se trata del bienestar del ser humano.

 

 Así, esto consiste en hacer frente a los desafíos antes referidos, a través de la unión de esfuerzos en mejores prácticas del gobierno del Estado y recomendaciones —no obligatorias—de la OCDE para solucionarlos.

 

Conclusiones

 

1. Al igual que la Globalización misma la cooperación internacional ha sido encausada de manera deficiente, aunado a una lógica disminución en los porcentajes de ayuda y derivado de las crisis económicas mundiales que venimos experimentando desde el 2008 cuyos demonios aún no han sido completamente exorcizados.

2. Se ha venido pugnando por una alianza mundial para el desarrollo plasmada en los mismos Objetivos del Desarrollo del Milenio, sin embargo, el camino que aun toca recorrer sigue siendo extenso, pues la distribución de dicha cooperación y consecuente materialización de metas es un juego de suma cero en el que solo unos pocos ganan en esta travesía global; toda vez que las economías de los países en desarrollo asociados no han logrado un sólido crecimiento y mucho menos se han convertido en mercados dinámicos para el comercio y la inversión a nivel mundial.

3. Al igual que muchas organizaciones internacionales la OCDE fomenta una serie de políticas que buscan sumar esfuerzos entre países no miembros de dicha organización y esta última, para fomentar el crecimiento de las economías y de la globalización per se. Y si bien hemos catalogado de plutocráticos estas relaciones internacionales, bien pueden ser útiles dichas recomendaciones matizadas y ajustadas a las realidades de los países no miembros.

 

 

Referencias:

 

(OCDE), O. p. (2013). Activos con America Latina y el Caribe. Mejores politicas para una vida mejor. OCDE Mejores politicas para una vida mejor, 1-49.

 

(OCDE), O. p. (2013). Activos con America Latina y el Caribe. Mejores politicas para una vida mejor. OCDE Mejores politicas para una vida mejor, 46.

 

Abreu, C. (2006). La persona humana, el Estado y el Derecho frente a la globalización. En E. Quintana, Panorama Internacional de Derecho Mercantil (págs. 77-100). México: Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Rojas, D. (s.f.). La cooperación internacional al desarrollo, cambios globales y su impacto en Centroamérica. Boletín Electrónico sobre Integración Regional del CIPEI.

 

Witker, J. (2011). Derecho del Comercio Exterior. México: Instituto de Investigaciones jurídicas UNAM.

 

Naciones Unidas (2012). Objetivo de Desarrollo del Milenio 8; La alianza mundial para el desarrollo: pasar de las palabras a los hechos. Grupo de Tareas sobre el desfase en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, Informe 2012. Nueva York.